lunes, 25 de noviembre de 2013

Tejer con un gato: ¿cómo llevarse bien? Parte I

Listening: Don't play that song - Aretha Franklin


Hoy quería traeros algo un poco diferente, como últimamente he estado hablando un poquito de él por aquí, se me ha encendido la bombilla. Como ya sabéis, esta servidora tiene un gato (Núo). Un gato al que le encanta estar siempre en la misma habitación en la que yo me encuentro, ya sea el salón, la cocina, mi dormitorio o el aseo. Y cuando hay lanas de por medio... con más motivo todavía. Existe una creencia popular y universal de que a todos los gatos les encanta jugar con ovillos de lana y aunque esto no sea exactamente cierto, si al tuyo le vuelve loco tal vez te interese seguir leyendo.

Núo es extremadamente juguetón y se divierte muchísimo con las cosas más comunes de casa: cajas de cartón, bolas de papel de aluminio, cordeles, lazos... incluso mi pelo! Juega con mi pelo cuando está mojado! En nuestro caso he conseguido hacer un pacto con él: puede jugar con la lana, pero sólo cuando yo no estoy tejiendo. Y la verdad es que nos va bastante bien. Obviamente, en algunas ocasiones seguirá intentando jugar y si cuela, cuela. Lo mismo hacemos nosotros, los humanos, cuando queremos algo que sabemos que no podemos conseguir.


Lo primero que se debe hacer es enseñarle a tu gato el significado de “no” (o “quita”, “deja”... El caso es que debe ser una palabra corta, que pronuncies claramente y que lo hagas con un tono firme y algo enfadado). A los gatos no les gusta que les griten o que hagan mucho ruído. Mi “no” suena un poco más alto que mi voz natural pero tampoco es un grito. Si tu gato ya sabe que un “no” significa algo malo, puedes pasar directamente a la segunda parte del post. 

Lo que yo hice para que aprendiera fue un condicionamiento clásico, al más puro estilo de Pavlov -conocéis ese experimento en el que un perro salivaba cada vez que escuchaba una campanita porque sabía que luego le darían de comer?- : cada vez que el gato hacía algo malo, se subía a algún sitio que no debía, etc le echaba un poco de agua en la cara con un pulverizador (tiene que ser en la cara, que es donde más molesta. A muchos gatos les da igual mojarse un poco la espalda) y al mismo tiempo decía un “no” firme y claro. El gato deja de hacer lo que estaba haciendo (normalmente echa a correr) y acaba asociando la palabra “no” con algo malo, algo que no debe hacer.

Yo no recomiendo nunca pegarles, ni siquiera un cachete inofensivo. Un poco de agua en la cara es -además de más legítimo-, mucho más efectivo. Tampoco conviene pasarse. Si el gato hace muchas cosas que no queremos que haga, es mejor combinar agua+no y sólo no+alejarlo del sitio.

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