lunes, 24 de noviembre de 2014

Núo en 'Hoy compartimos... mascotas'



Hoy vengo con un post diferente al que no me he podido resistir y ahora veréis por qué:
Desde el blog Hoy compartimos... cada mes (concretamente el 4º lunes de cada mes) nos proponen una temática sobre la que hablar dando nuestro propio toque. Como si fuese una reunión en la que exponer nuestra visión de dicho tema.
Nunca me canso de decir que me encantan los gatos. La gente que me conoce en persona probablemente esté cansada de escucharme comentar cualquier tontería que ha hecho Núo -o no ha hecho-. Así que hoy ellos serán el tema principal de mi blog.


Sara
Pero Núo no es el único gato que ha estado en mi vida. Mi pasión por los gatos la originó Sara, la gata que rescatamos de un casi-entierro viva -qué mal está la gente!- y que creció conmigo desde mis 8 años. 


Sara era una siamesa de ojos azules. Las fotos digitales que tengo de ella no tienen una calidad especialmente buena; todas son de lo que ahora parecen siglos, y entonces no teníamos cámaras digitales en casa (sobre todo cámaras que no pertenecieran a móviles con politonos!)
Era una gata especialmente cariñosa conmigo. Nunca me dejaba sola y tenía una paciencia infinita (una vez más, la condición era que fuese yo con quien hubiese que tener paciencia). Le gustaban los ratones de juguete, pero les tenía miedo a los reales -estuviesen vivos o rematadamente muertos y disecados como los del ático-.
Era muy lista y aprendía rápido. Sabía qué tenía que hacer para que la cogiese, por dónde podía subir a mi regazo y por dónde no. Si tardaba en cogerla cuando me veía, me maullaba e intentaba trepar. Cuando la cogía en brazos, siempre echaba sus patas por encima de mi hombro, como si fuese a darme un abrazo. De hecho, bastaba con que yo tocase sus brazos para que ella tomase posición por encima del hombro.

Un día me ayudó a recoger mis juguetes. Había pasado la tarde jugando con unas chapitas pequeñas yo sola (ella siempre estaba cerca o encima de mí) y yo tenía un monedero de plástico para guardarlas. Pues cuando llegó la hora de guardarlas, fui metiéndolas poco a poco y cual fue mi sorpresa que ella se acercó, cogió una con la boca y la dejó caer en el monedero. Me dejó ASOMBRADA.

Pero lo más importante de todo: Sara era muy selectiva con las personas. Escapaba de prácticamente todos los hombres y de las mujeres hiperactivas o demasiado extrovertidas (vamos, las marujas que se meten en las vidas ajenas). Y esto lo hacía antes de que pudiese siquiera conocerlas. Era como un sexto sentido, como si el olor y la forma de andar de esa persona fuese suficiente para dejarle saber si confiar o no confiar.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Presentación Amigurumis: Hobbit

Hoy quiero presentaros a un amigurumi especial. Habéis visto/leído la trilogía El Señor de los Anillos? Es una historia a la que le tengo un cariño especial. Por norma general no suelen gustarme este tipo de películas/series: la Tierra Media y yo no somos amantes apasionados. Sin embargo esta historia en concreto sí ha sabido salirse de la norma y ofrecernos algo atractivo también a la gente como yo.
Los hobbits son seres bajitos, apacibles y con unos pies muy característicos. No necesitan usar calzado porque la piel de sus pies es lo suficientemente dura como para protegerlos. Además, sus pies están dotados de abundante vello en la parte superior. Son bichos bonachones, con forma de humano y orejas puntiagudas. No hacen daño a nadie ni quieren problemas (el rollito de Gollum es un tema aparte).


Lleva su chaleco granate con una camisa blanca, pantalones y, obviamente, va sin zapatos. La capa se le puede quitar y el broche es una hoja, intentando emular la capa élfica que Galadriel le regala a Frodo.
Los rizos los he hecho siguiendo este tutorial de Lanas y Ovillos. Si se cose bien, no quedan huecos visibles de la piel y tampoco es necesario tejer una pieza extra del color del pelo para poner por debajo.


¡La capucha es gigantesca! No podría ser de otra forma si no queremos despeinar al pobre hobbit. Al principio creía que tenía un pelo demasiado afro, pero la verdad es que le da un toque mono a la cara.
Después de ver el halfling de LucyRavenscar, tenía que hacer mi propio hobbit. Sin embargo he utilizado un patrón propio y le he dado mi toque personal. Mi patrón todavía no está disponible. Eso sí, si queréis que os haga un Hobbit, no dudéis en escribirme al email (lo encontraréis en la columna de la derecha!). Aprovechad que se acercan las Navidades! ;)

Esta entrada participa en la Fiesta de Enlaces de Arte Friki

martes, 4 de noviembre de 2014

¿Te gustan los puzzles?




Una de mis grandes pasiones son los puzzles. He hecho puzzles tradicionales de piezas de diversos tamaños (el más grande fue uno panorámico de metro y medio de piezas infinitas, precioso), pero también he probado puzzles en 3D, de pelotas desmontables, cubos, o los típicos de metal en el que debes liberar una de las piezas. Por eso en cuanto encontré este patrón no me pude resistir.

Se trata de una pelota-puzzle amish desmontable. Se conoce como amish a las comunidades que se aíslan del resto y deciden llevar un estilo de vida sencillo y tradicional, rechazando las tecnologías modernas (y no sólo los smartphones y las redes sociales). Ellos cultivan sus propios productos y crean sus herramientas. No he encontrado nada que aluda específicamente a este juguete, pero podría encajar perfectamente en una de estas comunidades: la lana es un producto natural que pueden conseguir con relativa facilidad y el producto está completamente hecho a mano.


Para la mía he decidido jugar con los colores y ver qué salía de ahí. Al ser completamente caótica, cada vez que se desmonta y se vuelve a montar consigues un patrón de colores diferente: las piezas son simétricas y pueden encajar de distintas formas.
Aunque ya nos lo advierte la diseñadora del patrón, tengo que confirmar que lleva una cantidad tremenda de relleno. Yo tengo un saco de un kilo de relleno y suelo apartar pequeñas cantidades en una bolsa pequeña cada vez que necesito para un amigurumi. En este caso no me ha llegado con una. Además, lo mejor es ser generosos con el relleno porque al manipularla mucho parece ser que se puede acabar deformando si no tiene suficiente.

El puzzle es muy sencillo de hacer, pero ha sido un proyecto muy divertido de tejer y que queda muy curioso.


¿Qué os parece? ¿Conocéis algún otro puzzle tejido?
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